LA COLECCIÓN CGAC EN EL CENTRO TORRENTE BALLESTER DE FERROL
Miradas cinematográficas. Colección CGAC
La influencia del cine en otras disciplinas artístcas es una de las pautas claves en el desarrollo del arte del siglo veinte y de comienzos del veintiuno. La imagen en movimiento ejerció tal poder de seducción sobre los artistas plásticos que estos decidieron en no pocas ocasiones homenajearla a través de referencias temáticas en sus producciones o bien valiéndose de mecanismos técnicos propios para crear obras con un marcado carácter experimental o, por lo menos, apartadas de los presupuestos del sistema industrial cinematográfico. Del mismo modo, el cine de hoy en día admite su proyección dentro del museo y de la galería. Esto ocurre en un momento en el que las salas de exhibición semejan vivir una absoluta extenuación motivada por la preeminencia de fenómenos como el visionado de películas en streaming desde la red de internet o las descargas de material a menudo no autorizadas. El cine dejó de habitar el espacio público para convertirse en un acontecimiento privado o doméstico; no en tanto, la disciplina parece que se resiste a desaparecer totalmente de la esfera del disfrute social. Asimismo parece claro que, si en innumerables ocasiones, el trabajo de los artistas de los de otros campos visuales tiene sido fuente de inspiración para directores, guionistas, fotógrafos, diseñadores de vestuario y, en general, para todos los responables de fabricar el artificio de la imagen cinematográfica que se convierte en lo que conocemos como película, también ocurre lo contrario, y el cine influye de modo determinante en las otras disciplinas catalogadas de artes visuales. Miradas cinematográficas. Colección CGAC pretende acercar la principal colección de arte contemporánea de Galicia al centro Torrente Ballester y hacerlo a través de una lectura que nos permita reconocer la huella del lenguaje cinematográfico en las otras artes visuales de la contemporaneidad. Como quien trata de analizar una película, esta exposición busca acercarnos al mundo del cine y de sus productos artísticos rematados, pero también a la influencia en el arte de sus intersticios, de sus procesos. Una serie de secciones como Secuencias, Localizacionens, Foto fija, Los actores o Acción! sirven como hilo conductor para mostrarnos cual es la mirada cinematográfica de un importante conjunto de artistas representados en la colección.
Poco antes de la tormenta conviene un poco de humor
La influencia del cine sobre el arte estático es decisiva para la introducción del humor, de ahí que si se quisiese completar una visión cinematográfica desde la Colección CGAC con este pequeño homenaje al humor en el arte. Con la introducción de la acción cómica, el cine descubre una estrategia novedosa para lograr este fin: el gag, que significa algo así como ‘amordazar, poner algo en la boca que impida hablar’. La relación de este significado con la acepción del gag en el humor estriba en que el gag evita decir todo aquello que sería necesario precisamente para así poder provocar la sorpresa. Como un chiste, que dice lo que conviene decir con menos palabras de las que serían precisas, el gag exhibe el factor sorpresa como elemento principal de su estructura, haciendo recapacitar al arte verbo de su propia esencia y acerca de la libertad de permitirse la sorpresa del proceso creativo que hace que la obra se desvíe hacia una solución incierta.
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La definición identitaria e institucional de un centro de arte contemporáneo, más que en su programa expositivo y en las actividades complementarias que propone, estriba en el hecho de si cuenta, o no, con una colección propia. El CGAC, además de sus fondos propios, alberga el depósito de la Colección IFEMA, un importante número de obras adquiridas en la feria más importante de arte peninsular, ARCO.
Una obra de arte, más allá de su existencia física, sólo cobra verdadero sentido cuando es mostrada, discutida y contextualizada. Esa es una labor fundamental del museo que la preserva en las mejores condiciones posibles. A la invisibilidad de las obras guardadas en los almacenes, debemos contraponer su visibilidad digital y, fundamentalmente, su divulgación pública en exposiciones monográficas o colectivas.
Una obra no vive aislada. Desde un primer momento define el espacio en el que se inscribe y es definida por él: es muy diferente su presencia en un espacio estrictamente museológico o en uno de los muchos espacios de los que el arte contemporáneo se sirve hoy en día, ya sea una antigua iglesia o un almacén industrial. Por otro lado, su relación con las obras vecinas determina un discurso más complejo del que singularmente reclama. Ese es el trabajo exigente y apasionante de los responsables de la creación de un metadiscurso que tiene en cuenta no sólo la especificidad de los universos propios de cada una de las obras, sino también el resultado de un recorrido hecho de contaminaciones, contradicciones o contrapuntos, que se espera contribuya a enriquecer la lectura de las obras expuestas.
De ahí que hoy me complazca en presentar la exposición Miradas cinematográficas. Colección CGAC. Porque esta es una oportunidad clave para dar visibilidad a nuestra colección más allá de los límites del centro, uno de los designios fundamentales que nos hemos propuesto. Y, principalmente, porque así nos enfrentaremos a un modo diferente de contemplar unas piezas que conocemos de otros contextos.
Una palabra de agradecimiento, pues, a la comisaria de la exposición Mónica Maneiro, que me gustaría hacer extensiva a la institución que acoge la muestra, el Centro Torrente Ballester, la cual a través de su actividad anunciada en el ámbito del arte contemporáneo ayuda a crear una cartografía más densa y mejor distribuida en el mapa gallego de las artes plásticas.
