Lluís Hortalà (Olot, Girona, 1959) juega con el engaño y la confusión de la mirada, sumergiéndonos en el arte del trampantojo. Centrándose cuidadosamente en el detalle, incide en una pintura realista hasta el extremo, que es mimética con las texturas y los brillos, capaz de reproducir visualmente el tacto y, a veces, la temperatura fría de las piedras.
