La artista alemana residente en Berlín Alexandra Ranner (Osterhofen, 1967) presenta en el CGAC su primera exposición individual en un museo español. A partir de una selección de trabajos procedentes de medios diversos como la fotografía, la escultura, la instalación o el vídeo, la muestra realiza un recorrido por su trayectoria como artista desde el año 2003 hasta la actualidad.
Su obra, marcada por la dificultad para identificar categorías precisas, aborda temáticas como la soledad, el colapso, la indefinición del espacio, los lugares anteriores o posteriores a una catástrofe, la suspensión de estados y acontecimientos o el tiempo entre un pasado arcaico o estático y un futuro por acontecer. Y lo hace mediante la representación de seres humanos y animales, paisajes, arquitecturas, interiores y ruinas.
La imprecisión semiótica de sus obras —la negativa a establecer una relación directa entre percepción y concepto, significante y significado— subvierte los fundamentos racionalistas del conocimiento. El análisis objetivo de lo observado y la posición externa de la mirada se ven alterados, y lo mismo ocurre con la descripción o interpretación de lo que sucede y con la narrativa de un tiempo lineal. En este sentido, la configuración del espacio arquitectónico realizada en las salas del CGAC, con muros, mirillas y ventanas contribuye a crear una experiencia perturbadora donde el misterio, la extrañeza y la ambigüedad, no exentos de violencia, discurren en los confines enigmáticos de la naturaleza y de lo que se considera humano.
Alexandra Ranner sitúa a sus seres en la intensidad emocional de la soledad, el aislamiento, el encierro, la pérdida, la inseguridad, el gozo o la ternura. Su conocimiento de la pintura renacentista y barroca, en particular de la obra de Velázquez, Zurbarán, Caravaggio o Menéndez Valdés, y el influjo de autores como Goya, Franz Kafka o Samuel Beckett le permiten tratar los trastornos y las convulsiones de la sociedad contemporánea con una poderosa calidad espacial, plástica y perceptiva. Pese a utilizar registros procedentes de la historia del arte y la arquitectura, su obra no está basada en cánones clásicos ni dramáticos sino en el humor, el sarcasmo y el absurdo propio de las vanguardias artísticas contemporáneas, que nos acercan al paradigma perturbador de nuestro tiempo.
