Misha Bies Golas
A mediados de los años noventa, un joven Misha Bies Golas (Lalín, Pontevedra, 1977) descubre el CGAC desde una suerte de pulsión y curiosidad por la institución que acababa de ser fundada en Santiago de Compostela. Las exposiciones de artistas como Giovanni Anselmo, Christian Boltanski o Marcel Broodthaers fueron entendidas y digeridas como dispositivos de apertura, activando una forma de relación con el arte desligada del conocimiento disciplinar y centrada en la experiencia sensible. Este primer contacto anticipa una constante en su práctica: la construcción de saberes no normativos a partir del hacer y del encuentro con los materiales.
Treinta años después, el artista regresa al CGAC con un proyecto que condensa más de dos décadas de investigación en torno a las vanguardias históricas de la primera mitad del siglo XX, entendidas no como un conjunto cerrado de estilos o lenguajes, sino como un campo de tensiones, desplazamientos y procesos inacabados. Su aproximación se sitúa en una zona crítica respecto a los relatos teleológicos de la modernidad, incorporando tanto sus logros formales como sus zonas de fricción, sus derivas periféricas y sus accidentes materiales.
La exposición se articula como una instalación específica de carácter expandido que funciona simultáneamente como archivo activo, laboratorio formal y dispositivo espacial. Lejos de una lógica retrospectiva lineal, el recorrido propone una lectura rizomática de la producción del artista hasta la fecha, en la que obras de distinta escala y naturaleza se interconectan mediante afinidades formales, materiales y conceptuales. En este entramado emergen resonancias con ciertos autores, así como con contextos culturales diversos, entendiendo la(s) vanguardia(s) como procesos de traducción y adaptación situados históricamente.
La ocupación de la planta baja del CGAC se plantea como un campo de fuerzas en el que se disponen más de un centenar de esculturas y pequeñas pinturas biomórficas o amebiformes. Estas piezas enfatizan la manualidad, la economía de medios y la agencia de los materiales, incorporando el error, la mutabilidad y la contingencia como estrategias productivas que cuestionan las jerarquías de la alta cultura moderna.
El Doble Espacio —cuya apertura se sucederá en un segundo momento (a partir del 12 de junio)— se concibe como una instalación aérea de la cual penden formas orgánicas de piel, generando un teatro de sombras que introduce una dimensión temporal y performativa en el recorrido.
En su conjunto, la exposición se configura como una estructura abierta y vectorial, próxima al metarrelato, donde la disposición de las obras en paredes, suelos y techos remite al espacio del taller como modelo epistemológico: un lugar de ensayo continuo en el que forma, pensamiento y materia se producen de manera simultánea.
