En la nave central de la iglesia se ha recreado un cubo blanco a modo de sala de exposición convencional donde preside la fotografía La última cena-Gaza del artista multimedia hindú Vivek Vilasini, que recrea la bíblica escena protagonizada por mujeres ataviadas con el shador para llamar nuestra atención sobre su problemática social. La fotografía de Jorge Barbi recoge su intervención de un minarete que se fusiona con las torres de la catedral en el cielo compostelano. Manuel Vilariño dibuja una gran cruz de pimentón, cruz efímera y olorosa por la que serpentea la huella de un reptil; símbolo de una mística pagana. Maria Pia Oliveira fotografía una instalación monocromática de algodón creando así sensaciones de levedad y ascensión. Sofia Jack con una pequeña escultura de acero inoxidable, ironiza sobre la mujer de hoy día representándola como una diosa Shiva de múltiples brazos y múltiples tareas. Richard Orjis & Anthony Goicolea en un repetitivo autorretrato de este último, para representar una comunidad religiosa cuyos miembros acaban siendo muy similares entre sí.
Saliendo de la sala y dialogando con los altares de las naves laterales podemos ver Aura, la escultura lumínica de Brigitte Kowanz que se junta con la instalación de Carlos Pazos, un curioso bodegón tridimensional titulado La flor de los errores.
Con una estética pop, la acuarela de Jiri Georg Dokoupil representa una escena de iluminación religiosa. El maletín de Antoni Tàpies Amic i amat reinterpreta aquella obra de Llull donde el amigo es el creyente y Dios el amado. En la capilla, Isaque Pinheiro recrea el mito del milagro de las rosas (unos panes que se transforman milagrosamente en rosas protagonizado por la reina Isabel de Portugal) con un despliegue de elementos de porcelana que forman una gran rosa. Otra transformación de tipo más naturalista pero no por ello menos milagroso, nos la sugiere Din Matamoro con su obra El agua se agitó y se puso blanca, una interesante pintura plana que adquiere relieve con la distancia.
En el altar mayor, Reliquaire de Christian Boltanski compuesto por cajas huecas de metal que van subiendo en forma piramidal y salpicadas de curiosas cajas de luz que iluminan unos viejos retratos fotográficos. La pieza Hole de Jack Leirner, forma tres oquedades minimalistas donde se recogen los restos y detritus de papeles, diseños y marcas. Asentada frente al altar mayor, La boda, una obra irónica y litúrgica de Elmgreen & Dragset. La obra de Mónica Alonso, Color de carne triste 2 forma parte de la serie TrB (transplantes de belleza) con la que investiga las diferentes cualidades psicológicas de los colores. Observando en su entorno a las personas que sufren de tristeza, angustia o marginación, trata de plasmar esas tonalidades apagadas que adquiere la piel con esas emociones. Una carcasa vacía, como huella de la carne, subraya esa tristeza, ese vacío emocional.
Marie-Jo Lafontaine nos muestra en un hermoso vídeo su contemporánea visión de la pasión, mientras Joan Fontcuberta enlaza una antigua técnica de representación como es el mosaico con la fotografía digital e internet para, recrear la obra de Gustave Courbet de 1866.
La exposición finaliza con la pieza Santiago, una fotografía de la intervención de George Rousse realizada en el vestíbulo del CGAC, en la que el artista representa el plano topográfico del
Fujiyama, un lugar de peregrinación japonés que dialoga con otro lugar de peregrinación como Santiago.
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