Serie "Derradeira sesión"
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Confidences (versión inglesa)
Estrategias formales

Buena parte del trabajo de Amaya González Reyes (Sanxenxo, España, 1979) gira alrededor de la posibilidad y la imposibilidad de hacer arte. ¿Cómo se crea una obra de arte? ¿Cómo influyen las distintas circunstancias en ella? ¿Qué significado tiene el fracaso en el arte? ¿Cómo se valora el trabajo de un artista? Estas y otras preguntas, herederas del arte conceptual y de artistas como On Kawara o James Lee Byars, son frecuentes en sus propuestas. Algunas de sus primeras obras mostraban billetes o monedas ordenadas geométricamente y se preguntaban por el valor simbólico del dinero. Otras, en cambio, optaban por explorar los usos alternativos de objetos tan prosaicos como un rollo de papel higiénico: Pretensión (sobre cómo hacer una obra bonita a partir de un rollo de papel higiénico), de 2007.
En 2008, la artista publicó en una revista una obra titulada Yo deseo que te guste (2008), en la que el pronombre “YO” —en mayúsculas— estaba confeccionado con pegatinas doradas —como las que se usan para empaquetar regalos— en las que se leía la frase: “Deseo que te guste”. Ese mismo año, realizó una obra compuesta por lienzos de distintos tamaños, a los que transfirió todos los recibos de compras acumulados a lo largo de un año, que se vendieron al precio que indicaba cada factura. La relación entre el arte, su significado y el valor que se le otorga —ya sea simbólico, histórico o económico— está también presente en una pieza reciente: 63 kg de peana (2009), un prisma de bronce de 122 cm de alto con la inscripción “Valgo mi peso en oro”, cuyo precio varía según la cotización del oro.
Confidencias (2009) es un trabajo que puede ser interpretado en este contexto. Se trata de cuatro textos breves, fechados en la tarde de un sábado de febrero de 2009, en los que la artista reflexiona sobre la creación, la producción, los vínculos entre el artista y el espectador, el valor de la obra de arte, su materialidad… Con un estilo que resulta íntimo, directo y analítico al mismo tiempo, González Reyes expone las motivaciones y las dudas que rodean el trabajo del artista, en este caso el suyo: “Poco puedo decir cuando en la obra lo digo todo”, comenta en un texto que la acompaña. “Trata sobre la relación del autor con su obra y con el Otro, con su tiempo y con el tiempo, con sus condiciones, con su experiencia, con un acto de resistencia que consiste en no dejarse llevar por el hecho de tener que producir, sino hacer, sentir, sentir al hacer, saber que estás corriendo el riesgo de convertirte en falsificador de ti mismo, de las obras que nunca llegaste a hacer”.
Estrategias formales (2010) plantea otro tipo de cuestiones. En este caso, la idea principal es crear una escultura con tornillos dorados de distintos tamaños y longitudes. El resultado es una hilera delicada y brillante que provoca incontables evocaciones. Podría asemejarse a la gráfica de una realidad desconocida o a una ciudad en la lejanía. Pero, sobre todo, lo que pretende esta obra es seducir a partir de la exploración de las posibilidades plásticas y semánticas de un objeto. La forma y el material constituyen una reivindicación en sí mismas. El poder de su atracción reside en la combinación de estos parámetros con el punto de vista del espectador, con su posición y con la estructura visual de la obra. El título lo deja claro, no pretende sino autoafirmarse y posicionarse en un acercamiento al lenguaje de la escultura (en esta ocasión, a partir de tornillos). Como en otras obras que mostró en una exposición reciente titulada Una idea brillante y otras historias adorables (2009), González Reyes vuelve a utilizar el color dorado para aludir a una serie de temas recurrentes en su trabajo: la necesidad de atraer al espectador y de seducirlo, el placer de mirar, el valor de la obra de arte…
